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La vida puede cambiarnos en un instante. Estamos con salud y de pronto, aparece una nube de incertidumbre, algún ser querido está atravesando una dificultad, las cosas cambian. Nos llegan la tristeza, la ansiedad y la angustia. Todo parece tan incierto y frágil, parece que no resistimos. Y aparece siempre El, Jesús, nuestro mejor amigo, para consolarnos, apoyarnos, animarnos, refugiarnos en Su Corazón Misericordioso. Y nos damos cuenta que le amamos tan poquito, que Su Amor es tan inmenso y tierno y que lo tenemos tan olvidado. Nos hace falta un pedacito de cielo cada día, para amarle, para recordar que somos peregrinos, que nuestros seres queridos también y que somos compañeros de camino hacia la eternidad. Este post es un agradecimiento a Jesús por acompañarme siempre en mi camino y el de los míos y especialmente esta semana que ha sido más difícil que lo habitual.

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